16 oct 2013

Los hijos del retorno

Hay un cursi y precioso verso de Evaristo Carriego–ambos adjetivos no tienen por qué contradecirse - que yo leía en mi infancia con cierta picardía:
La costurerita que dio aquel mal paso
-y lo peor de todo, sin necesidad-
con el sinvergüenza que no le hizo caso
después… -según dicen en la vecindad-
se fue hace dos días. Ya no era posible
fingir por más tiempo. Daba compasión
verla aguantar esa maldad insufrible
de las compañeras ¡tan sin corazón!
Aunque a nada llevan las conversaciones,
en el barrio corren mil suposiciones
y hasta en algo grave se llega a creer.

¡Qué cara tenía la costurerita
qué ojos más extraños, esa tardecita
que dejó la casa para no volver!

No hay comentarios:

Publicar un comentario